Estres un enemigo del crecimiento Espiritual
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El estrés: el enemigo silencioso de tu crecimiento espiritual
Muchas veces hablamos de aquellas circunstancias o rutinas que impiden que nuestra vida espiritual crezca. Sin embargo, hablamos poco de cómo el estrés puede convertirse en uno de los principales enemigos de nuestro crecimiento espiritual.
Podríamos decir que el estrés se ha convertido en un "amigo" para la mayoría de nosotros, porque forma parte de nuestro día a día. Pero la realidad es que ese compañero constante puede estar alejándonos poco a poco de una relación más profunda con Dios.
Cuando las responsabilidades ocupan el lugar equivocado
Gran parte del estrés nace de las necesidades y responsabilidades que enfrentamos diariamente. Algunas son fundamentales, como trabajar para sostener a nuestra familia y procurar bienestar para quienes amamos.
Y sí, como personas diligentes debemos hacer nuestra parte.
Pero el problema no está en trabajar.
El problema está en el lugar que les damos a esas responsabilidades y en el enfoque con el que las vivimos.
Poco a poco, esas preocupaciones pueden convertirse en cargas tan pesadas que terminan llevando nuestra vida a un estado de estrés constante, e incluso a lo que conocemos como estrés crónico.
El estrés crónico: la raíz de muchos problemas
Para desglosarlo un poco más, el estrés crónico es uno de los principales desencadenantes de muchos trastornos de salud mental.
Es tan peligroso que puede convertirse en la raíz de problemas como:
Ansiedad.
Depresión.
Trastornos del sueño.
Agotamiento emocional.
Muchas personas desconocen que la depresión puede desarrollarse a partir de períodos prolongados de estrés.
Esto sucede porque el estrés tiene la capacidad de desregular nuestro organismo y afectar el equilibrio químico del cerebro, aumentando la vulnerabilidad a diversas condiciones emocionales.
Pero no solo afecta nuestra mente. También puede manifestarse físicamente.
Hay personas que somatizan el estrés mediante:
Problemas en la piel.
Alergias.
Caída del cabello.
Problemas digestivos.
Dolores musculares o lumbares.
Fatiga constante.
Y la lista podría continuar.
¿Por qué el estrés afecta nuestra relación con Dios?
Aquí es donde muchas veces no hacemos la conexión.
Si el estrés tiene tanto poder sobre nuestra mente y nuestro cuerpo, también tendrá un impacto en nuestra vida espiritual.
Como vimos en el artículo sobre la ansiedad y la oración profunda, para entrar en comunión con Dios necesitamos aprender a descansar en Su presencia.
Necesitamos disfrutar ese momento.
Necesitamos estar disponibles emocionalmente.
Pero una persona que vive bajo altos niveles de estrés no puede simplemente apagar todas sus preocupaciones cuando comienza a orar.
De hecho, muchas veces ocurre lo contrario. El estrés se hace aún más evidente.
Mientras intentamos orar, nuestra mente comienza a recordar:
Lo que nos falta.
Lo que debemos pagar.
Lo que tenemos pendiente.
Los problemas que aún no se han resuelto.
Y sin darnos cuenta, dejamos de entrar a la presencia de Dios para agradecer y adorar, y comenzamos a acercarnos únicamente para pedir soluciones.
Cuando la oración se convierte solo en una lista de peticiones
El estrés tiene una característica muy peligrosa: dirige nuestra atención constantemente hacia aquello que nos falta.
Por eso, muchas veces llegamos a la oración con una actitud de urgencia, preocupación o exigencia.
Es como si nos acercáramos a Dios únicamente para resolver problemas.
Como si fuera una lámpara que debemos frotar para que aparezca el genio y cumpla nuestros deseos. Pero la intimidad con Dios es mucho más que eso.
La oración también es un lugar para decir:
"Señor, gracias."
"Señor, Tú eres lo mejor que me ha pasado."
"Señor, quiero disfrutar de Tu presencia."
Y el estrés constantemente intenta robarnos esa experiencia. La Biblia nos invita a descansar
La Palabra de Dios nos recuerda:
"Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús." Filipenses 4:6-7
Dios nunca nos llamó a vivir dominados por el afán. Nos llamó a descansar en Él.
Si estás viviendo bajo estrés, busca ayuda
Si al leer este artículo reconoces que estás atravesando un período de estrés constante, especialmente si llevas más de 6 meses acompañándote, es importante que busques ayuda.
Reconocerlo ya es un gran paso.
Y recuerda algo: No estás solo.
Muchas personas dentro y fuera de la iglesia están luchando con lo mismo.
Muchos cargan una mochila emocional demasiado pesada y anhelan encontrar descanso. Por eso, nunca tengas vergüenza de buscar ayuda profesional, hacerlo no significa falta de fe. Significa que estás tomando responsabilidad por tu bienestar.
Y cuando comienzas a sanar ese estrés, no solo mejora tu salud mental y física.
También mejora:
Tu relación con Dios.
Tu relación con tu familia.
Tu relación con quienes te rodean.
Tu capacidad para disfrutar la vida.
Porque el estrés no solo tiene el poder de robar nuestra paz interior. También tiene el poder de destruir nuestras relaciones si no aprendemos a manejarlo.
Por eso, busca ayuda, busca descanso y recuerda que Dios no te llamó a vivir cargando solo aquello que Él está dispuesto a ayudarte a llevar.
Gracias por llegar hasta aquí.
Bendiciones,





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