Cómo equilibrar tus emociones con ayuda de la oración
- Johairy Gerardo

- 10 dic 2025
- 4 Min. de lectura
Como cristianos o creyentes sabemos el poder de la oración, lo sabemos a tal punto que muchas veces lo tenemos en la punta de la lengua como un slogan. Sin embargo, ¿sabías que muchas veces ese conocimiento sobre la oración se queda solo en eso: conocimiento, slogan, ritual? ¡Sí! Más que un momento de intimidad, se convierte en un ritual; algo que “debo hacer” porque la Biblia, los pastores y los líderes lo dicen.
Pero en este momento vamos a cambiar un poco esa óptica que tenemos sobre la oración. Vamos a quitarte esa etiqueta que nos ahuyenta, la que dice: momento pesado del día. La oración es una herramienta poderosa que el Padre nos regaló para poder tener una conexión directa con Él. Cuando vemos la oración de esta forma, es algo que nos enamora más de Él.
Imagina que tienes una pareja (para los solteros), y para los no solteros imaginen a su pareja: estos crean un dispositivo con conexión exclusiva donde solo tú y él/ella tienen acceso, con el único fin de nunca perder la comunicación contigo; donde nadie pueda interferir ni la caída de una red pueda interponerse en esa relación. Si eso sucediera, me imagino cómo estarían tus emociones: sintiéndote la persona más afortunada del planeta, sin querer perder ni por un segundo ese dispositivo, ¿cierto?… Pues eso mismo hizo Dios para nosotros con la oración. Luego del sacrificio de Jesús, este es uno de los gestos de amor más grandes que Dios nos ha entregado.
Solo de escribir e imaginar esto, mi corazón baila ante la gratitud y hermosura de nuestro Padre.
En la Biblia hay una historia que siempre, al leer aunque sea un solo versículo de ese libro, me deja anonadada. Y este es el libro de Job. El libro de Job no solo narra una historia, sino que también está lleno de conversaciones de Job con Dios. Leer Job es como tener frente a ti esas capturas de pantalla de conversaciones que te manda tu amig@ (mentira, sé que no eres de esos 😂).
Volviendo al tema, Job no solo nos muestra que en nuestro peor desierto el único que puede sostenernos y levantarnos es Dios.
Job fue ejemplo vivo de cómo, mientras más nos acercamos a Dios, Él va transformando nuestras emociones y carácter. La Biblia destaca que Job era un hombre temeroso de Dios y justo. Los primeros versos relatan cómo los temores de Job fueron materializados.
“Lo que temí me aconteció” ( parafraseo Job 3:25).Y no solo esto. En los primeros capítulos vemos a un hombre emocionalmente inestable, y no era para menos con todo lo que había atravesado. Vemos a un Job que reclamó, preguntó, mas nunca se rebeló contra Dios.
Job no solo salió doblemente bendecido de su proceso, sino también con un equilibrio emocional extraordinario.
Clama y adora
“Entonces Job se levantó, y rasgó su manto, y rasuró su cabeza, y se postró en tierra y adoró, y dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito.” Job 1:20-21
El tener intimidad con Dios no solo fortalece nuestro Espíritu, también esta relación va construyendo un carácter más fuerte, pensamientos más maduros, temperamentos más equilibrados, entre otras cosas.
En ese valle emocional donde todo el caos está en ti, no dudes en acercarte a Dios. En ocasiones, ese proceso está tan retador y nos tiene tan desregulados emocionalmente que al entrar en oración no sentimos motivación de adorar, ni hablar, y mucho menos sentimos que la carga se está quitando de nosotros. Justo por esa razón tengo para decirte: no fue ni una ni dos veces que Job clamó y adoró, y aun así la prueba no fue quitada. Para que nuestras emociones se fortalezcan debemos ser probados como el oro.
La actitud de Job en esta primera instancia podía mover el cielo y restaurar lo que se le había quitado, pero sus emociones debían ser transformadas.
Muéstrate tal y como eres
Pensarás: “pero claro que me muestro tal cual soy delante de Dios, si Él me conoce mejor que yo mismo”. Sí, Dios nos conoce mejor que nosotros mismos. Pero ocurre que tenemos un inconsciente muy sabio. Nuestro cerebro tiene mecanismos de defensa automáticos; estos buscan cuidarnos, por lo cual llevan a que nuestra mente no genere pensamientos o conclusiones que emocionalmente no estamos listos para lidiar con ellos. Por esta razón, puede que sientas que aunque quieres abrir por completo tu vida a Dios, hay algo que te falta por rendir aunque no sepas qué es.
Preguntarás: ¿qué hago entonces? Repite siempre como el salmista:
“¿Quién podrá entender sus propios errores? Líbrame de los que me son ocultos. ”Salmos 19:12
Aquí estás entregando aun lo que no conoces, y Dios irá mostrando y cambiando conforme a su soberanía.
Acéptate
Que Dios muestre aquellas faltas y pecados ocultos no te hace menos digno ni menos hijo; al contrario, esto solo nos permite comprender que todo es por gracia y favor, ya que nada merecemos y nos lleva a vivir en gratitud.
Gracias por llegar hasta aquí.
¡Bendiciones!









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